1512- 2012 Nafarroa bizirik

Vencedores y vencidos en la invasión de 1512

9 Agosto 2010 by admin  
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Antonio Urra Maeztu

Sucedió entonces y puede que continúe sucediendo ahora entre nosotros tras quinientos años: se está con Navarra o se está con España. El conde de Lerín, por señalar un personaje, con algunos navarros ayudó a los españoles para que conquistasen nuestro Reino. Los hermanos de San Francisco de Xabier, con otros muchos, lucharon en el bando de los que defendían Navarra y sus reyes. Aquel Reino de Navarra que hasta entonces fue una nación de las más antiguas de Europa, considerada por los anglosajones como el origen del parlamentarismo e incluso de la monarquía moderna, fue invadida por los españoles y se puede decir que desapareció como nación. Por historia Navarra no perteneció a España. Tampoco Navarra fue una nación guerrera, destacó en esa época ya desde el Príncipe de Viana por su cultura.

La historia se cuenta según la versión de los poderosos. Actualmente inexactitudes, medidas verdades o mentiras manifiestas, se cuelan cada día como informaciones verídicas en los medios de comunicación, dirigidos desde altas esferas sobre cualquier tema que sucedió ayer. No conocemos la verdad, se nos ofrece lo que conviene que sepamos. Mucho más puede manejarse y tergiversarse lo sucedido hace quinientos años cuando se tiene el poder. Para los vencedores es fácil falsificar la historia. Los navarros, fieles a sus reyes, sufrieron la represión y las torturas más crueles que puede imaginarse por defender nuestra identidad, incluso se pensó tras la invasión, por señalar un detalle, en “convertir Navarra en un desierto deportando a toda la población”. Para el otro bando todo fue normal porque ellos eran los vencedores y tenían la bendición de la Iglesia para reducir el reino a una colonia de Castilla. Tras la usurpación de Navarra por el gran inquisidor de la Península, Fernando el Católico, se ha vivido una verdadera amnesia histórica durante siglos. Nunca se ha estudiado en nuestras aulas la Historia de Navarra, solamente la Historia de España. Todo lo referente a Navarra se ha ignorado y adulterado, y han procurado que con el paso del tiempo se llegue a olvidar. Podría compararse con lo que ha sucedido en nuestros días con el franquismo, que ha intentado que olvidemos los horrores de la guerra del 36, con más de 3.000 asesinados en Navarra, y que fue para la Iglesia y para los vencedores una cruzada.

Quiero destacar un asunto importante referente a la ayuda de la Iglesia con sus anatemas contra los navarros, pretexto que exhibió Fernando el Falsario para justificar la invasión. Se llamó a los Reyes de Navarra de todo, protestantes, también calvinistas y, por consiguiente, herejes o cismáticos. No me dicen nada estos apelativos, simplemente se los aplicaron porque nuestros reyes se opusieron a aquella Iglesia corrupta, y por el interés que mostraron para reformarla.

Han pasado los años y estamos ante el V Centenario de aquellos acontecimientos. Unos lo celebrarán como un hito a destacar, la anexión o unión aeque principalis a España y eufemismos similares que usan para nombrar aquella conquista por las armas y posterior represión. Son los mismos que hoy desprecian nuestra lengua milenaria y todo nuestro rico patrimonio popular. Para otros será el recuerdo más triste de nuestra historia. Con la invasión perdimos una parte muy importante de nuestra identidad. Tras cinco siglos, casi todo continúa igual, unos valoran lo nuestro, mientras otros sólo miran a Madrid.

Noticias de Navarra

Cómo se minoriza a los navarros, Rena (1512-2012)

18 Febrero 2010 by admin  
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Tomás Urzainqui Mina

Es el sr. Corpas, “consejero cultural”, quien nos muestra, en cumplido ejemplo, cómo se minoriza a los navarros, al coincidir con el personaje del nuevo libro de Pedro Esarte Muniain, Juan Rena, clave en la conquista de Navarra (1512-1538).

Corpas, al igual que ya lo hiciera Rena, paga también con dinero de los propios navarros los servicios prestados por quienes niegan ahora la subordinación de los navarros, iniciada en 1512. Corpas ha ordenado entregar 27.840 euros al Departamento de Historia de la Imperial Universidad de Alcalá de Henares para que allí, en base a la documentación de Rena que está en Pamplona, preparen un trabajo sobre el personaje, con motivo del 500 aniversario de la conquista de Navarra en 1512, bajo el tramposo título de “Juan Rena, pagador del Reino de Navarra”.

Menos mal que el infatigable historiador navarro, Pedro Esarte Muniain, se les ha adelantado investigando concienzudamente desde hace muchos años los citados “papeles Rena”, descubriendo en toda su amplitud el completo montaje de dominación efectuado sobre los navarros durante los primeros 26 años de la ocupación, cuyo director y artífice principal fue, precisamente, Juan Rena.

Ayer y hoy el sometimiento de una sociedad como la Navarra, no se puede lograr sin la colaboración de ciertos personajes que carecen de escrúpulos. Rena, para poder ejercer eficazmente su tarea, unificó y acaparó en su persona cuatro funciones bien dispares: gerente financiero de las campañas militares imperiales, propietario de los más altos cargos eclesiásticos, titular de los máximos puestos institucionales (políticos y judiciales) del invadido Estado navarro, y represor, así como responsable de los servicios secretos.

Fernando el Católico, Cisneros y Carlos V, sucesivamente, utilizaron los servicios de Rena en las guerras imperiales de Argelia, Túnez, Italia, Sicilia y Flandes, pero donde el veneciano Rena desarrolló sobre todo sus facultades fue en la conquista y subordinación de Navarra. Su papel fue fundamental para sus citados superiores.

Como responsable de la financiación y gestión de la empresa militar obtenía los fondos pecuniarios, hombres, abastecimientos precisos (alimentos, ganado, transportes, armas, vestimentas…), alojamientos y fortificaciones, mediante engaños, promesas de pago futuro, expolios, requisas, confiscaciones de bienes y de dinero, de origen público, eclesiástico o de particulares. Y lo más importante para los monarcas españoles, todos los gastos los acababan pagando siempre las víctimas de la nación conquistada y sometida. Un verdadero negocio para el Imperio.

Íntimamente vinculado a su cometido de financiador de los costes de la conquista se halla su intervención directa en la estructura jerárquica de la Iglesia, con la intervención del derecho de propuesta concedido por el Papa al Emperador, convirtiéndose en el verdadero cerebro gris de la Iglesia en Navarra, acumulando numerosos cargos y beneficios eclesiásticos (rector, protonotario, pagador, canónigo, vicario y obispo). Vendedor de diversas bulas (Fábrica de San Pedro en Roma, de la Cruzada, de los Cautivos) al objeto de desviar fonfos para las guerras de sus regios patronos.

El saqueo de las rentas del obispado, catedral, monasterios (Urdax, Roncesvalles) y parroquias, sistemática simonía de bienes religiosos, mediante la venta de prevendas y beneficios, tanto espirituales como temporales. Abusos que en Europa fueron en gran medida el origen y desencandenante de la reforma y el protestantismo.

Juan Rena penetró, aun siendo extranjero, en las más altas instituciones del Estado navarro. Fue miembro de la Cámara de Comptos, del Consejo del Reino y de las Cortes de Navarra. Desde donde desviaba recursos para financiar al ejército ocupante, a la vez que obtenía control e información. Los cargos de abad, prior, vicario u obispo llevaban aparejado el asiento en Cortes.

En el Consejo Real era juez y parte. Incurrió habitualmente en prevaricación, cohecho, falsificación de documentos y suplantación de cargos.

Rena fue el director de la maquinaria represiva, con arbitrarios encarcelamientos, asesinatos y destierros, que impuso a los navarros desafectos o no sumisos.

Organizó una red de delación y espionaje que le facilitó la información necesaria para controlar a los navarros.
Rena llegó a apreciar tanto a la gente de este país, que cuando estaba en Italia exigió que los mozos que debían transportarle, pues estaba paralítico, fueran navarros, pero que entendiesen algún romance. Desde 1512 Navarra es la meca de los arrivistas sin escrúpulos. El primero fue Juan Rena, cuya conducta incurre en la violación permanente de los derechos humanos, civiles y políticos, individuales y colectivos a los ciudadanos navarros, como muy bien refleja Pedro Esarte en éste su nuevo libro.

La proximidad de una efeméride luctuosa y triste: 1512

14 Enero 2010 by admin  
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Jesús Lezaun

UNO vive saturado de tremenda aprehensión pensando cómo viviremos los navarros la próxima fecha del año 2012, quinto centenario del derrumbamiento de nuestro Reino de Navarra. A sangre y fuego fue su liquidación. En la última batalla de Noáin murieron más de 5.000 navarros. Unos celebrarán esta terrible efeméride con la satisfacción de haber sido integrados en España, de forma total. Otros celebrarán compungidos este triste recordatorio. Del glorioso reino nuestro, que no fuimos capaces de defender, no quedan más que tristes migajas, palabras vacías, que no contienen ninguna realidad. Hay gente que se satisface con ellas. No han aspirado más que a servir al terrible dominador y esto les basta y les satisface.

Medran con ello y no aspiran a más. Otros no acaban de aceptar tan terrible suceso y no se les va el ansia y el desasosiego de tan triste pérdida. Aquellos se sienten españoles ante todo, aunque se denominen navarros. Esto satisface suficientemente sus ansias de dominio y su necesidad de sometimiento. No aspiran a más, aunque de boca digan otra cosa. A otros les carcome esta triste realidad que no fueron capaces de defender. Aunque Navarra sea una región rica por hacendosa y bien estructurada, con un haz de gloriosos emigrantes que vinieron aquí a trabajar y a ayudarnos en nuestro desarrollo.

De Navarra no queda políticamente más que la palabra y algún que otro renombre, que no se llena más que con la triste realidad de un estadio de fútbol. ¿Para qué más?

La Historia de Navarra, de la que no queda sino la palabra, sin ningún sentido político, porque nadie le ha enseñado su Historia, de la que no queda ningún sentido. Que me digan a mí qué significa en realidad el Fuero y su Amejoramiento.

Nada. Somos, en realidad, una provincia cualquiera de la gran patria hispánica, una, grande y libre. Libres serán ellos, que lo que es nosotros, los navarros de verdad, somos sólo unos súbditos sumisos. Por perderlo, lo hemos perdido todo, excepto el nombre, del que algunos se llenan con su sola palabra, porque en realidad no aspiran a nada. La Historia de Navarra no existe, nadie se la ha enseñado, nadie la sabe, los navarros la ignoran. No habrá otra provincia tan ignorada y tan tergiversada, porque en realidad lo que han enseñado a las gentes es la Historia de España. ¿Sabe alguien entre nosotros qué es la Baja Navarra y qué significa y por qué está como está? La Historia de Navarra, enseñada a los navarros y a los españoles, es un conjunto de palabras vacías, sin ninguna realidad. La palabra Fueros, que aún se usa, y la Ley Paccionada en un pacto que nadie sabe en qué consiste, hasta llegar a la realidad actual que no tiene más entidad pública que Almería o Albacete en el mapa de la Península. La última realidad de la que podemos alardear y alardeamos es la última guerra ganada, habiendo perdido la paz, porque alguien más astuto y poderoso que nosotros a eso nos redujo. Con la ley que él engendró con la Unificación, en la que nos enterraron y en la que los más están satisfechos.

Pero en Navarra aún existe un espíritu, que quizás no sabemos formular y ni en qué puede consistir. Porque ese espíritu de Navarra aún está vivo. Y a pesar de tan larga y ostentosa historia y de palabras sin contenido, aún se mantiene en muchos y de ahí aún se podrá rehabilitar. Si nosotros nos empeñamos, porque aún existen muchos navarros que sueñan con su reino, es lo que tendremos que rehacer si somos lo que decimos ser. Muchos navarros celebramos este quinto centenario de nuestro hundimiento con plena lucidez y con plena determinación de llegar a ser lo que fuimos, un reino de esplendor, capaz de aglutinar aún a todos los navarros, a todos aquellos que la Historia aún denomina vascones.

No veremos ya sólo un reino sino una espléndida democracia, nuestra espléndida democracia, esa ley del pueblo que hasta los reyes de aquí tuvieron que jurar, defender y sólo la concedieron a quienes hasta entonces no la poseían.

Nuestro símbolo real y tangente son nuestros infanzones de Obanos, que juraban ser libres, para que su patria Navarra lo fuera también libre. No como ahora somos a pesar de tanto alardear, más que súbditos humildes y sumisos de un señor más poderoso que nosotros.

Yo levanto mi brazo y cierro mi puño por mi Navarra popular y democrática. A quien quiera ayudarnos a resurgir, le pedimos que nos eche una mano, porque hasta en eso mintieron, como si hubiesen sido los españoles los que nos ayudaron a ser libres. Hasta el Papa nos traicionó, excomulgando a nuestros reyes y haciéndonos a nosotros sumisos. Cómo los habremos admitiendo creencias y habiéndose apropiado de nuestros santos. Francisco se fue de aquí alejándose de sus hermanos vencidos y condenados a muerte. No volvió ya a su tierra, ni pisó jamás su suelo. A su padre nos lo arrebataron para enterrarlo donde no supiéramos dónde estaba. Francisco no se llamó nunca navarro.

En nuestro recuerdo del reino nos acompaña nuestro excelso patrono, su madre, la triste María a la que tanto hicieron sufrir los españoles, que vio destruir con su hijo las almenas de su castillo de Javier, a la que le expropiaron de todas sus posesiones, su padre, el hacedor del reino, en paradero desconocido; sus dos hermanos que fueron condenados a muerte por defender el reino hasta el final. Con esta pléyade de recuerdos, celebraremos el quinto centenario de nuestra tragedia. ¡Faltaba más!

Publicado por Noticias de Navarra-k argitaratua

Datos de una anexión violenta e ilegal (1512-1515)

14 Enero 2010 by admin  
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Iñigo Saldise Alda

En el año 1512, el Reino de Nabarra era un Estado neutral, en unos tiempos
donde la guerra era evidente entre el reino de Francia y la Liga Santísima,
la cual estaba formada esta por el Papado, Venecia, España e Inglaterra.
Catalina I de Foix y Juan III de Albret, reyes de Nabarra, mantenían desde
varios años atrás, una política de neutralidad basada en alianzas
basculantes entre el reino de España y el reino de Francia, pero el 10 de
julio de ese mismo año, sin previa declaración de guerra, tropas invasoras
españolas irrumpen violentamente en el pueblo navarro de Goizueta, dándose
comienzo a la usurpación del Reino de Nabarra por parte del rey español,
Fernando el Falsario.

Un gran contingente de experimentadas tropas españolas, se encontraba
acampado en las puertas de la ciudad de Vitoria desde junio, a la espera de
recibir la orden de atacar al Reino de Nabarra y sus habitantes. Los reyes
de Nabarra seguían dispuestos a mantenerse neutrales, por lo que buscaron
un acuerdo o tratado con Luís XII de Francia, muy similar a otros
realizados con anterioridad con Fernando de España, pero el Falsario
necesitaba justificar la invasión que había lanzado sobre Estado
Pirenaico, por lo que el día 17 de julio presenta un tergiversado y
claramente falso Tratado de Blois entre Nabarra y Francia, con el cual
buscaba la excomunión de los cismáticos, según él, reyes de Nabarra,
merecedores de ser despojados de su corona y del Reino. El verdadero Tratado
de Blois salió a la luz realmente el día siguiente, pero eso no impidió
que el rey de España diera la orden de marchar a sus tropas contra
Nabarra.

Fabrique Álvarez de Toledo, duque de Alba, irrumpe en el Reino de Nabarra,
al frente de las tropas española el día 19 de julio, entrando
concretamente por la Burunba y Lekunberri. El ejército invasor español era
numeroso y estaba formado por 1000 hombres de armas, 1000 caballeros
bardados, 1500 caballeros ligeros, 12.000 infantes y 20 piezas de
artillería. Antonio de Acuña, obispo de Zamora, pronto se une al grueso de
las tropas españolas. Junto a él 400 hombres armados más, entre los que
se encontraba el temido tercio de Bugía, conocido por los numerosos
estragos realizados entre la población civil del norte de África. Junto a
ellos se encontraba Luís IV de Beaumont, al cual el rey español le otorga
los mismos títulos que le concedió a su padre. Estos eran el de
Condestable de Nabarra y conde de Lerin, algo que solo podían otorgar los
reyes legítimos de Nabarra. Luís IV de Beaumont iba junto a su cuñado el
Duque de Nájera, capitaneando 700 coraceros reales españoles. El duque de
Alba dividió al ejército invasor en tres poderosas columnas, dos de ellas
capitaneadas por los coroneles Villalba y Renfijo, mientras que la tercera,
era comandada por Luís IV de Beaumont.

El 20 de julio aparece el Monitorio Etsi hii y la Bula Pastor ille
coelestis, realmente preparadas en la cancillería de Aragón, ya que a
pesar de estar pedidas desde abril al emperador de Roma, estas aún no
había llegado a las manos del rey de España. De todas formas el principal
aliado del reino de España, el Papado, guarda un silencio cómplice.

Tras la toma de la capital, nuevas tropas españolas penetran en territorio
del Reino vascón. Estas son las del arzobispo de Zaragoza, hijo natural o
bastardo, del rey español Fernando el Falsario, encaminándose hacia la
leal ciudad de Tutera. Las tropas españolas pudieron ser vistas en Cascante
el día 31 de julio, bloqueando con ello la ciudad ribera. Ese mismo día,
Fernando el Falsario publica un quimérico manifiesto intentando demostrar
que la ocupación del Reino de Nabarra es conforme a los términos acordados
en la Liga Santísima. Era un intento de darle un carácter de empresa santa
y a la vez, buscaba con el una justificación, no solo ante los naturales
del País vascón, sino también de cara a sus aliados, concretamente los
ingleses, que observaban atónitos desde Pasajes la invasión española del
Reino de Nabarra, ya que el objetivo de la Liga Santísima era la Guyena, en
poder de Luís XII de Francia.

El 10 de agosto de ese mismo año, Fernando el Falsario aniquila las
legítimas Cortes de Nabarra sitas en Iruñea, lo que provoca una postrera
proclama del rey de Nabarra, Juan III de Albret, en Donapaleu el 30 de
Septiembre, denunciando al rey español, por usurpador y tirano, ya que
había ocupado de forma ilegal e ilegítima, mediante la fuerza de las
armas, el neutral Reino de Nabarra. El voraz apetito imperial del rey de
España, Fernando el Falsario, hace que desde la cancillería de Aragón se
falsifique una segunda Bula, una vez ocupado el Reino de Nabarra, que lleva
por nombre Exigit contumatiam, y vinculaba al Estado de Nabarra a la
condición de colonia española, sirviendo hasta hoy día al estado
español, para justificar toda suerte de atropellos y crímenes realizados
por su inquisición, más la destrucción de los castillos navarros y la
expulsión de la nobleza e intelectualidad humanista del territorio ocupado
por soldados españoles, auténticos extranjeros en esta tierra.

Ante la pasividad mundial, Fernando el Falsario crea y sanciona unas nuevas
Cortes, realmente hechas a sus propia medida el 13 de marzo del año 1513,
las cuales, de forma ilegal y fraudulenta, lo titulan como rey de Navarra,
lo que facilita cierta y posteriormente el trabajo de anexión del Reino de
Navarra a la corona de Castilla, efectuado por el Falsario en las cortes
españolas de Burgos el 7 de julio del año 1515, en donde no se encontraba
ningún navarro, generando incluso las protestas y el encarcelamientote su
leal escudero, Luís IV de Beaumont.

La aparición de una tercer Bula, etsi obstinati también es falsificación
ante la complicidad pasiva de la Iglesia Católica, la cual mantenía un
pacto con el reino de España debido a las cuantiosas deudas que acarreaba
con este, en gran medida por las fastuosas obras que estaban realizando en
el Vaticano. Esta Bula ya es una clara condenación de los reyes navarros,
Catalina I de Foix y Juan III de Albret. Es muy probable que el emperador de
Roma, Julio II, sólo proclamó la bula contra Luís XII de Francia,
Universis Santae Matris Ecclesiae, pero lo que es seguro su silencio
cómplice ante el expolio del Estado de Nabarra y la usurpación del rey
español, Fernando el Falsario.

BIBLIOGRAFÍA

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Union aeque principaliter

16 Diciembre 2009 by admin  
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Se conoce con el término latino de union aeque principaliter, a una unión de igual a igual, mediante la cual eran tratados los reinos tras su alianza, asociación, federación, confederación o coalición bajo el mandato de un solo rey o soberano, pero siempre como entidades diferenciadas con la supuesta y consiguiente supervivencia de sus leyes, fueros y privilegios. Este es la base con la cual el nacionalismo español intenta una y otra vez, al más puro estilo del jefe de propaganda nazi, Josef Goebbles, justificar una invasión y ocupación militar (o si se prefiere conquista armada) jurídicamente ilegítima, llevada a cabo por el falsario Fernando de España, a través de preparar diferentes legitimaciones, éstas realizadas siempre de forma exclusiva por parte española y el implícito colaboracionismo necesario de naturales del país navarro, a lo largo de estos siglos oscuros para la verdadera libertad navarra, llegando incluso dicha defensa y justificación hasta hoy día, siendo el máximo defensor un abogado, político y escritor español, el señor don Jaime Ignacio del Burgo, el cual siempre se encuentra en la vanguardia nacionalista de la unidad del reino de España, llegando incluso a dejar a un lado su ideología conservadora si fuera menester, por el beneficio exclusivo de su única y verdadera patria, la española.

El señor don Jaime Ignacio del Burgo se basa precisamente en esta fórmula, union aeque principaliter, para argumentar la existencia remota en el tiempo de un “pacto” de igual a igual entre la actual Comunidad Foral de Navarra y el reino de España, pilastra de la mal llamada Ley Paccionada del año 1841 y de su “amejoramiento” del año 1982, que constituyen la quintaesencia de la ideología “navarrista” contemporánea, la cual está al extremo contrario del auténtico Navarrismo histórico, existente en el sobreviviente Reino soberano de Nabarra al norte del Pirineo, tras la invasión y ocupación militar entre los año 1512 y 1524 . Por consiguiente, rizando el rizo el señor don Jaime Ignacio del Burgo, la denominada disposición transitoria cuarta de la Carta Magna de la Constitución del reino de España del año 1978, sería a modo adicional, “una garantía para la libertad de Navarra”, lo cual, ciertamente, está muy alejado o distante de la realidad, ya que nuestra libertad fue secuestrada hace ya casi 500 años.

Pese a que el señor don Jaime Ignacio de Burgo, haya bombardeado reiteradamente a la sociedad navarra con una unión de igual a igual entre España y Nabarra, en la escritura de año 1515, con la cual el falsario Fernando de España otorgaba sin aprobación navarra alguna el Reino de Nabarra que según él, había conquistado para su hija Juana, a la corona de Castilla, aparece dicha incorporación como un mero cambio dinástico, nada más, por lo que creo es interesante saber cuando aparece realmente el término union aeque principaliter y por tanto hoy, los navarros no debemos aceptar la personal apreciación nacionalista española realizada por el señor don Jaime Ignacio del Burgo o cualquier otro de sus compatriotas, que han hecho, hacen y seguirán haciendo, no solo para justificarse ante los navarros, sino incluso también ante el mundo.

Realmente, la expresión de unión de igual a igual o principal, aparece en un documento de Ley español del año 1645, una vez ya, que el Reino de Nabarra había sido eliminado de los mapas políticos tras la incorporación de mismo, también realizada de modo ilegal al reino de Francia, la cual fue llevada a cabo por Louis XIII de Bourbon. En dicho documento español, nos dice que “no fue por modo de supresión, sino por el de unión principal”. Pero el hecho real, es que la incorporación fue llevada a cabo a sangre y fuego, realmente sin fórmula alguna y ya en el siglo XVII en la Navarra residual, una vez perdido el referente soberano del norte del Pirineo y a continuación de pasar el periodo más caldeado de la post-incorporación, estando los patriotas navarros proscritos de todos los cargos públicos, de los castillos que continuaron en pie tras el mandato del cardenal Cisneros, etc., cuando la situación se fue normalizando, hay una especia de repunte identitario en el siglo XVII, al cual no le voy a llamar ni nacionalista, ni patriótico y ni siquiera navarrista, pero si se puede considerar como germen del fuerismo e incluso también posteriormente del regionalismo, al tratarse de un intento de recuperación de las señas de identidad propias, que con la incorporación a la corona de Castilla se habían difuminado, porque los cargos públicos y sobre todo entre el clero, obispos, etc., todo había pasado a ser castellano, señales principales y plausibles del contrafuero existente en las tierras ocupadas por los españoles.

Es pues en el siglo XVII cuando, al calor de este repunte de la identidad propia, pero amparado en las labores realizadas por el jurista español Juan de Solórzano y Pereyra, las cuales concluyentemente estaban encuadradas en la legitimación de la unión de las Indias americanas y el reino de España, por consiguiente nada que ver con el Reino de Nabarra, surge en el fuerismo el sintagma de unión principal, mientras que el término latino de union aeque principaliter nace realmente dos siglos después, concretamente en el siglo XIX, siendo acuñado por los fueristas de ese siglo y esto naturalmente, pasa a todas las enormes compilaciones de jurisprudencia existentes en la Navarra reducida ya a una mera provincia del reino español, también a todos los libros que se han publicado, etc., y que esgrimen actualmente como verdad suprema los regionalistas, auténticos patriotas españoles, intentando demostrar con dicho regimiento que el Reino de Nabarra se “incorporó” en el siglo XVI a la monarquía castellana, mejor dicho en España a secas, con una fórmula de unión principal de igual a igual; y de eso nada de nada.

Iñigo Saldise

El galimatías del Gobierno de Navarra

8 Septiembre 2009 by admin  
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Pedro Esarte Muniain

Introducción:

¿Colaboracionismo españolista?

El patético arte de diluir el Derecho propio en el pasado en lugar de reivindicarlo

La reseña periodística de la presentación de una exposición para ser vista en el Archivo Real y General (no es serio llamarlo real sin corresponder a una razón actual) hasta el mes de diciembre, fue presentada el 3 de junio del presente 2009, como un acontecimiento político relevante, a la altura de la supuesta elevada posición de Derecho que goza la llamada “Comunidad foral de Navarra”.

Si algún término es genérico y etéreo, ese es el término Comunidad, y por ello fue elegido por los llamados padres de la Constitución de 1978. En cuanto a la denominación de foral, el diccionario de la RAE la define como “Dicho de una norma o de una institución: Que se rige por un derecho histórico mantenido por la Constitución y las leyes”. Ese pues es el status actual de la Navarra cantada. De Derecho propio de Navarra, nada de nada.

La muestra, organizada por el Gobierno de Navarra en colaboración con el Colegio de Abogados e inaugurada por el Presidente de la C.F.N., Miguel Sanz, fue presentada por un quinteto formado, entre otros, por el propio presidente, el consejero de interior y el de cultura.

La exposición fue presentada como “La muestra, cuyo objeto es exponer las raíces jurídicas de la Comunidad Foral”, que han organizado el Gobierno de Navarra, en colaboración con el Colegio de Abogados de Pamplona, con motivo de la celebración del Congreso de la Abogacía Española, que se reunía ese mes de junio en Pamplona. Por cierto, una vez celebrado, vimos que careció de alusiones al “Derecho propio de Navarra”, tan proclamado como tema central de la exposición.

Se explicó que la exposición presentada, “sigue la trayectoria del derecho navarro desde sus orígenes hasta la actualidad, recorrido que comienza con una explicación de qué es el derecho y los fueros, recogida en un panel que refleja también las diferentes situaciones que ha atravesado Navarra a lo largo de la historia”.

Pero en el Catálogo de “la muestra –que- recoge mapas con delimitación del territorio”, sólo se aprecian los que Navarra ha mantenido como provincia: uno de 1847 (página 139) y otro como la actual división que asemeja un queso de gruyere (página 179). ¿Esto es describir la historia o falsearla?


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Batalla de Noáin

8 Septiembre 2009 by admin  
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Antonio Urra Maeztu

Noticias de Navarra

Antes de celebrar el quinto centenario de los sucesos de la invasión de Navarra, no está de más que recordemos algunos momentos importantes de aquellas fechas que nunca hemos aprendido en las clases de historia. Vayan aquí algunos detalles sobre la batalla de Noáin.

El Ejército del rey Enrique de Navarra, liderado por el general Asparrós, en el año 1521 recuperó Pamplona. (Aquí fue herido Ignacio de Loyola, como consta en la placa conmemorativa que se halla en el pavimento de la avenida de San Ignacio. El futuro fundador de la Compañía de Jesús defendía a Castilla contra Navarra y, por tanto, contra los hermanos de Francisco de Xabier). Casi en un paseo triunfal llegó Asparrós hasta Logroño apoyado siempre con entusiasmo por los fieles a Navarra. El general quizá fue demasiado impulsivo y puede que hasta arrogante, y pronto se vio obligado a retroceder hasta la sierra del Perdón. No esperó ayudas ni valoró que el Ejército castellano triplicaba a las tropas navarristas. El día 30 de junio, según Moret entre las dos y cinco y media, o al atardecer según Boisonnade, sufrió una derrota el Ejército de Asparrós, quedando en los campos de Esquíroz, Noáin y Barbatáin más de 5.000 cadáveres, entre ellos Carlos de Mauleón, el capitán San Martín, Juan de Sarasa, Carlos de Navascués. Todos ellos prefirieron la muerte a la vergüenza de la derrota. Asparrós perdió la vista en la batalla, fue hecho prisionero y más tarde rescatado por una suma de 10.500 escudos.

Un capítulo más de aquellas fechas tristes para el Reino de Navarra y que recordamos 500 años después.

Gobernar en deservicio a Navarra

4 Septiembre 2009 by admin  
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Pedro Esarte Muniain

El gobierno de Navarra, en una página puesta en la Red en forma de bando, emplea las mejores técnicas de Goebels (“una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”). Desde la misma presenta lo que llama historia del “REINO, ORÍGENES Y EVOLUCIÓN” de Navarra, con una técnica que puede interpretarse como colaboracionista con el sistema colonial sufrido por Navarra.

Comienza su historia en el siglo IX, afirmando que se rigió por fueros y costumbres, enriquecidos “por posibles influencias de los derechos romano y visigodo“. Realmente no concuerda que una historia propia, comenzada en el siglo IX, que empleaba formas propias para regirse, se fuera enriqueciendo con influencias foráneas de épocas anteriores.

Pero además el relato obvia su origen nacional (“regnícolas”), la defensa territorial (“vascona”), las agresiones externas (desde las masacres romanas en Kalagurris hasta la de visigodos y francos), su victoria frente a Carlomagno (verdadero origen del reino-Estado), las luchas por sus derechos contra reyes y emperadores, etc. Porque ceñir nuestra historia, orígenes y evolución como sociedad, a los reyes ocasionales y las influencias romanas y godas, es desvirtuar nuestro pasado eludiendo plantear perspectivas para nuestro futuro.

Junto a la simple enumeración que hacen del poder que Navarra ostentaba, “(Rey, Tribunales, Cortes) y la existencia de instituciones de control (Cortes, Diputación del Reino)”, asientan de forma desvergonzada que éstas “constituyeron las bases teóricas de la estructuración política del Reino” (el subrayado es mío).

Los mandarines que ejercen actualmente la gobernación de Navarra, en nombre de un rey y una Constitución con leyes que no se votan en Navarra, obvian juzgar las leyes que se nos fueron aplicando, tanto con el Antiguo Régimen como ahora, descalificando las propias a priori: “La existencia de una organización social de carácter estamental y propia del Antiguo Régimen impiden calificar al régimen navarro de en términos actuales“. Eso se llama criticar al país propio, en colaboracionismo con quien nos coloniza.

Y aún lo asemejan al régimen actual con esta puntualización: “Pero si no fue democrático, al menos sí fue constitucional“: Muy buena la referencia; un lenguaje tan sibilino hubieran querido para sí los estudiosos de las artimañas que se emplearon en el NO-DO.

Además se añade: “la subordinación del poder político a las normas fundamentales del Reino (el subrayado vuelve a ser mío) y la creación por éste de instituciones de control, fue una convicción permanente de gobernantes y gobernados“. Su redacción, comparable a los BOE de tiempos recientes, dados por pasados, me absuelve de más comentarios.

El análisis histórico del autogobierno de Navarra lo dividen nuestros gobernantes actuales en 4 apartados: 1) Del siglo IX a 1515, como período de reino independiente: Y me pregunto: ¿Y las masacres y ocupación entre 1512-1515, fueron durante nuestra independencia?

2) De 1515 a 1839, se afirma que Navarra mantuvo sus instituciones propias, salvo la del Rey; pero se oculta que todas las leyes fueron aprobadas siempre, desde el absolutismo del monarca, para terminar con la imposición a Navarra de obligaciones constitucionales españolas por el general Espartero, tras 7 años de guerra civil.

Sobre el período 3) 1841-1982, se vuelve a incurrir en las medias verdades, que son peores mentiras que la falsedad misma, fijándole a Navarra la calidad de “provincia española con autonomía administrativa y fiscal“, época en la que no hubo año en que desde la Diputación no se tuvieran que reclamar los quebrantos originados por la “administración Central”, como gustaba de llamarla en sus Autos Luis Oroz Zabaleta, secretario de la Diputación durante 51 años, y 57 de servicios.

Y en la 4) Desde 1982, apoyándose en su anterior adscripción provincial, se pretende mostrar un avance: se asume la aplicación de la Constitución de 1978 y la Ley de Reintegración y Amejoramiento del Fuero como mejoras, aunque dejan al descubierto la careta: “nombre que recibe el estatuto de autonomía propio de Navarra“, como Comunidad Foral. ¡¡O sea que ya se reconoce públicamente que el régimen de Navarra, es sólo un Estatuto de Autonomía!!

La pérdida de la independencia por la derrota (que se reconoce), se convierte en una victoria a través de los beneficios que se citan, sin contrastar su veracidad con nada ni nadie. Ninguna referencia a la colonización sufrida ni a los perjuicios de toda índole, cantidad, que no nos es posible enumerar en este artículo, ni siquiera en titulares.

Solo nos ocurrió, a juicio de la oficialidad que nos gobierna, “la implantación de una nueva dinastía, la pérdida de identidad internacional y la pérdida del derecho a declarar la guerra y la paz“.

Con todo lo que ello conlleva, ¡¡Pues, … no creo que fuera poco perder!!

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Como la divulgación se realiza sobre diferentes sectores, tengo que añadir que tampoco estoy de acuerdo con el Departamento de Educación y con quien lo representa, porque al hablar de los conventos de Pamplona, oculta que éstos fueron saqueados por las tropas del duque de Alba, incluido el que cita, de los frailes dominicos. Luego su cambio de lugar fue debido al vuelco que el interés del ocupante por perpetuarse, dio a toda la capital del reino, en aras de la nueva fortaleza.

Del paso de convento de los Dominicos a Universidad, también discrepo. Nunca fue una universidad (como lo eran Valladolid, Salamanca, etc., con titulación válida), sino un colegio conventual, de estudios no convalidables con los títulos que emitían las universidades, y aun en sus cortas competencias fue además suprimido por el monarca de turno. Es aún mas triste reconocer que luego fue cuartel de infantería e instalación militar por “exclaustración decretada por el Gobierno de Madrid“.

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En otro apartado y con los títulos de -Expansión y declive, El dominio navarro-, se hace una recomposición de lo que fuimos, como danzantes de un baile del que no supimos apearnos. Entre las cosas que se ensalzan de Sancho el Mayor, se dice que ejerció “su dominio sobre la mayor parte del territorio cristiano peninsular: Pamplona, Nájera, Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Castilla y León, al tiempo que formula pretensiones sobre la Gascuña y el condado de Barcelona“.

“A finales del siglo XI el reino pamplonés detiene forzosamente su expansión territorial, limitado por el avance de los poderosos vecinos de Castilla y Aragón (en el siglo XI éstos ni siquiera se habían constituido como reinos) …. Oscilando entre la independencia y la incorporación a la órbita política de los monarcas franceses, castellanos y aragoneses. En esta comprometida situación discurrirá Navarra durante la Baja Edad Media”. Y punto.

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Alardear de que el Palacio Real de Olite fue corte de los Reyes de Navarra, y uno de los castillos medievales más lujosos de Europa -para ser hoy- rememorador de Fiestas Medievales, no me dice nada positivo de nuestros gobernantes políticos, pues nada aportan social y políticamente a los habitantes que gobiernan.

Y qué decir de la concepción que nuestros gobernantes tienen de las Murallas de Pamplona: “constituyen uno los complejos bélicos más interesantes y mejor conservados de España, lo que le valió ser declarado Monumento Nacional con consideración de Bien de Interés Cultural“.

Mi exclamación es que la guerra da propiedades y glorias robadas e inmerecidas al que la hace (como en el caso del “Guernica”): ¿Dónde un recuerdo a los paisanos de Navarra que condujeron con sus animales, las piedras, la cal, madera, y se emplearon en las obras obligadamente durante varios siglos?

Valorar que la situación estratégica de la fortaleza de Pamplona la convirtió en un puesto avanzado de la corona española ante Francia, además de irónico y sangrante (¿es que no coincidieron ambos Estados, sus reyes y familias en repartirse Navarra?), resulta una vulgar manipulación por los silencios que se callan: ¿Por qué no preguntarse, por qué sus mandos oficiales y soldados, fueron siempre foráneos al reino?

Vigencia del soberanismo

8 Junio 2009 by admin  
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Mikel Sorauren

Cuando un año más se acerca la fecha conmemorativa de Noain, adquiere actualidad el aspecto soberanista que constituye el núcleo de la conmemoración. Quienes rechazan la simbología representada en esta conmemoración, en realidad se oponen al proyecto mismo de recuperación de la soberanía nacional de Navarra que se explicita en ella. No voy a perder tiempo en explicar que nuestra actitud no responde a ninguna nostalgia. ¡Peor para quien se obstine en afirmar que buscamos recuperar fórmulas del Pasado en el terreno político y social! Está claro que carece de argumentación seria para rebatir nuestros planteamientos y se ve obligado a salir por la tangente y recurrir a la ridiculización.

Lo cierto es que en la batalla de Noain se quebró definitivamente la trayectoria soberanista de Navarra y las consecuencias las seguimos pagando en la época actual. La consecuencia de mayor trascendencia para el posterior desarrollo de nuestra Historia es, sin duda, la pérdida de la capacidad de decisión que supuso el sometimiento a Estados extranjeros -diferentes a Navarra misma-. De poco han servido los esfuerzos realizados por los navarros que vinieron luego. Es obligado reconocer que supieron defender los intereses de su Patria -Navarra- en muchísimas ocasiones históricas. Por muy admirable que nos resulte su actitud y estemos obligados a agradecerles también el habernos transmitido el patrimonio material y cultural que nos configura como colectividad nacional, resulta obligado reconocer que fracasaron a la hora de enderezar el rumbo distorsionado por el que discurría la existencia de Navarra misma.

En definitiva el interés fundamental del proyecto soberanista consiste en rectificar la trayectoria histórica de Navarra que nos ha llevado a la actual situación. Nos acucia la total falta de control de que disponemos sobre el conjunto de decisiones que se toman sobre nosotros, sin tener en cuenta nuestra perspectiva. De poco nos sirve el haber conseguido niveles materiales y culturales parangonables a los que disfrutan las sociedades avanzadas, cuando tales niveles puedan ser cuestionados por situaciones de crisis económicas como la actual. Tampoco es un consuelo que en los momentos de bonanza se nos impongan soluciones en las que nuestros intereses son preteridos por la capacidad decisoria que se atribuyen otros, arrebatándonos la responsabilidad de decidir.

En definitiva, entendemos como fundamental que la capacidad de decisión radique en instrumentos políticos manejados por nosotros mismos. La grave situación por la que estamos atravesando como resultado de la crisis mundial pone en evidencia lo urgente que resulta la recuperación del control de los resortes de intervención en el terreno de la Economía. Se nos replicará que la realidad de la globalización anula cualquier autonomía en este terreno, incluso para las construcciones políticas más grandes y fuertes. Es cierto, desde luego; pero igualmente lo es que los Estados tienen la capacidad de incidir de manera positiva o negativa en la modificación de las estructuras económicas en general, capacidad esta que ha permitido a aquellas organizaciones estatales mejor ordenadas obtener más partido de las coyunturas favorables y hacer frente en mejores condiciones a las crisis. Tengamos en cuenta, sin ir más lejos, el papel que juegan los grandes Estados en la evolución de la coyuntura económica. Agrada a muchos proclamar que el Capital no tiene Nación, aludiendo al desapego con el que actúan los poseedores de capital en el caso de que lleguen a encontrar opciones más ventajosas fuera de la Nación de origen. Es verdad. No obstante también lo es que el capital necesita el respaldo de un Estado fuerte que lo defienda del enemigo exterior. El Estado en definitiva se justifica en función del orden social interior y defensa de los intereses económicos exteriores. No es baladí su papel.

Centrando ahora la cuestión en el marco en que se sitúa la Nación navarra, cabe señalar como problema primordial la sujeción a los dos Estados que se distribuyen su territorio. Las carencias de que adolecen sus estructuras económicas son obvias. La planificación de sus infraestructuras resultan dependientes de una perspectiva externa que no tiene en cuenta los intereses reales de Navarra. A parte de la relevancia de este hecho, el conjunto de estructuras económicas nacional se encuentra supeditado a la imposición ejercida en este terreno por los dos grandes Estados que se atribuyen y distribuyen nuestro territorio y población. Intentar modificar este sistema es tarea difícil. Lo podemos comprobar en el momento en el que la crisis misma agita al conjunto del Estado español. Todo esfuerzo realizado en modificaciones del tejido productivo, dirigido a una racionalización de la organización empresarial y financiera queda en entredicho. De poco sirven ahora los esfuerzos realizados en los terrenos de la inversión tecnológica y saneamiento financiero llevado a cabo a nivel individual o desde las instituciones autonómicas. En este campo resulta difícil abstraerse de las dinámicas que impone el Estado español, favorecedoras de la expansión inmobiliaria y especulación bursátil y financiera en general. Por mucho que confiemos en nuestro bien-hacer desde las instituciones autonómicas y locales, la convulsión de la crisis nos arrastra a todos y Euskal Herria no es ninguna chalupa que permita nuestra salvación. ¡Simplemente, no somos soberanos!

El camino para la solución está marcado, el de los pequeños Estados que han renunciado a planteamientos nacionalistas y cuentan con sociedades que se acercan mejor al modelo democrático; tales, los países nórdicos. Dinamarca no se convulsiona porque un territorio que ha estado bajo su soberanía -Groenlandia- se separe y forme un nuevo Estado. En esos Estados no se dan las veleidades de grandeza que preocupan tanto a los partidos españoles y sus líderes, representadas en la ansiedad por ser reconocidos como miembros de foros del estilo del G-8 ó G-20 en los que se toman decisiones de impacto mundial, pero las sociedades que los integran poseen una conciencia de los derechos colectivos admirable para nuestras pautas de comportamiento y el sistema institucional tiene un sentido de lo público envidiable.

Éstas son razones de mucho peso para que consideremos positiva la solución soberanista, que ha de dirigirse en última instancia a la configuración de una Unidad europea auténticamente democrática y solidaria. Pensamos en un diseño de Europa muy alejado del actual, caricatura de unión en beneficio de los grandes Estados y corporaciones. A estos intereses sirve un Parlamento sin reales competencias legislativas, dominado por las internacionales partidarias. El desapego y euroescepticismo que se dice existe en las sociedades europeas es resultado de la imposición de un modelo de unidad sin perspectivas, más allá de las necesidades que tengan las referidas instancias de establecer instrumentos para el manejo de los grandes intereses de las élites socio-económicas. Queda en evidencia tal hecho en la falta de garra de las propuestas planteadas por los candidatos a las presentes elecciones europeas, aburridas hasta el hastío, y el papel que otorgan los mismos partidos a la Institución parlamentaria que debería representar la más alta instancia de poder en toda Europa, pero que se convierte en el descanso y premio de consolación de los políticos que han sido aparcados.

Las inquietudes que nos mueven a quienes acudimos a Noain rebasan la perspectiva corta de quienes ven la política como una realidad inmediata que no interesa sino a los profesionales y miembros de los partidos. Nuestro planteamiento soberanista deriva de la reflexión permanente sobre la realidad de la Nación navarra. Todo acontecimiento histórico, lejano o cercano, no se encuentra condicionado, únicamente, por las circunstancias inmediatas que lo enmarcan, sino por otras acontecidas en otras épocas que condicionan los hechos posteriores. Hechos de gran relieve de nuestra Historia contemporánea, como puedan ser las guerras carlistas, 1936 o la manera en la que tuvo lugar la denominada Transición democrática, han sido posibles por el torcimiento experimentado por la Historia de Navarra que sobrevino en 1521 con ocasión de la batalla de Noain. Por eso entendemos que la conmemoración de la misma asume una simbología que permite reflexionar sobre la idoneidad de la recuperación de la Soberanía navarra, a fin de poder hacer frente a los retos con los que se enfrenta nuestra sociedad.

Nafarroa, burujabe. No hay democracia sin pueblo soberano

8 Junio 2009 by admin  
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Beñi Agirre

Sasoi txakurra izan zen garai hartako Nafarroakoa. Noainen,1521eko ekainaren 30ean, bost mila gudari inguruk eman zuen bizia nafarron subiranotasuna berreskuratu nahian, bederatzi urte lehenago, 1512ko uztailaren 25ean, kitoa eman eta amaitzear jarri nahi izan baitzuten gaztelarrek Nafar Estatua. Kanpoaldetik barrura baskoien bizileku edo habitat zena zatika-zatika inbadituz lortu zuten hori, 1054an hasi ziren Bureban, frankoek iparraldetik eta aragoiarrek ekialdetik gauza bera egiten zuten bitartean. Laurehun eta berrogeita hemezortzi urte luze behar izan zuten horretara iristeko, hala eta guztiz ere, 1521eko hartan lurralde-berreskuratze guduan Noainen hil zituzten haien sugarrek bizirik diraute gaurdaino.

Sasoi txakurra da gaurkoa ere. Bi estatu inperialen arteko hamaika administrazio itogarrietan banaturik, nafar hiritarrok, Europa barruan ezagutua izango den gure Estatu propio eta bakarra berregituratu nahian gabiltza oraindik; zeren eta, bederatziehun eta laurogeita hamabost (955) urte geroago, bi auzo-estatuen espantsio gosea asetzea dela medio, tartean hil dituzten nafarren sugarrek bizirik diraute gaurdaino. Bai makurra inbaditzaileen porrota, bai garratza herri honen ezina.

Sasoi demokratikoan bizi garela esaten digute orain, baina ia 1.000 urteotan engainatu ez duten herria ez dute okertuko oraingoan. 824an, garaiko auzo erresumen erasoei aurre egin eta baskoien habitat osoa babesteko, nafarrok estatu propioa eta subiranoa sortu genuen; Iruñeko erresuma lehenengo eta Nafar erresuma deitua izango zena gero, Garonatik Ebroraino eta Burebatik Pailarseraino. Bortxa bidez sartu ziren auzo herriak gurean, bertako erakundeak suntsitu eta eurenak jarri, bertako legeak ezabatu eta eurenak ezarri, herritarrek subiranotasuna egikaritzeko, gauzatzeko, tresnak birrindu eta eurenaren mendeko bihurtu. Nola izango da, ba, gizarte demokratikoa herritarrak subirano ez direnean?

Ez, ez dago demokraziarik herritarrak subirano ez direnean. Nafarrok sortu genuen Estatu subiranoa eta nafar herritarrok gara honen titularrak. Estatua eta erakundeak suntsi daitezke, baina, herritarrok ez dugu inoiz galdu, ezta galduko ere, gure herriaren onerako erakundeak sortzeko zilegitasuna. Estatuaren titularrak ez dira ez erregea, ez eliza, ezta alderdi politikoak ere. Estatuaren titularrak herritarrok gara; Nafarroa osoan, nafar guztiok.

1521eko ekainaren 30a hartan, Logroñoko lurretara, ia erresumaren mugetara iritsi ondoren, atzeraka zetozen Asparros buruzagiaren osteak, ehunka mila mertzenario makur segika zituztela. Noaingo zelaietara iritsi ziren, ez zuten Iruñaraino jo eta bertan galdu zuten bizia. Hala eta guztiz ere, katea ez da eten. Haien sugar hilezkorra ez da itzali eta guk jaso eta eramango dugu, zabalduko dugu, Iruñean barrena Garonatik Ebroraino eta Burebatik Pailarseraino. Idatzia baitago, subiranotasun haren hondar apal baino ez den Foruen estatuan. Idatzia baitago:

GU GAURKO EUSKALDUNOK,
GURE AITASOEN ILLEZKORREN
OROIPENEAN, BILDU GERA EMEN
GURE LEGEA GORDE NAI
DEGULA ERAKUSTEKO

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